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martes, 5 de enero de 2010

ASOCIACIÓN ILÍCITA


El grupo de cuarteto cordobés Sabroso acaba de presentar su album Tributo II que incluye la canción “Loco y gran amor”, un tema interpretado a finales de la década del 80 por Mauro .

Mauro era un cantautor supuestamente villamariense que tuvo un éxito fugaz. Recuerdo que actuó una vez en el Club San Vicente de Bell Ville, luego de una tómbola a la fuí porque me gustaba una chica a la que no saqué a bailar y que se llamaba Cecilia.

Cecilio es el nombre con el que Capusotto satirizaba en su programa de TV a Sandro.

Sandro grabó canciones compuestas por su amigo Mauro, autor también de la canción oficial de la última visita del Papa Juan Pablo II, del jingle de la campaña de Néstor Kircher a Diputado Nacional y partícipe del mítico programa de TV en el que se cortó el pelo en cámara el gitano .

El gitano murió agotado de tantas operaciones.

Si uno quiere, como bien enseña Pancho Ibañez, todo tiene que ver con todo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

CO INCIDENCIAS


Alguien me informa que el psicoanalista francés Jacques Lacan, allá por el año 1972, advertía que "...el lenguaje no sirve, nunca ha servido, sólo nos permite formular cosas que tienen tres, cuatro, cinco, diez, veinticinco sentidos, que el sujeto supuestamente debe saber"


Noto que esta cita guarda cierta similitud con lo que, en mayo de 2008, yo escribía respecto a que "Las palabras son insuficientes e ineficaces para expresarnos. El lenguaje prolonga la sucesión de malos entendidos. Los discursos no dicen lo que dicen. Sólo se dice lo que se calla"


La coincidencia se justifica si confieso que, junto a las revistas Shock, El Destape y Libre, los adolescentes del barrio Mainero en Bell Ville, allá por el año 1984, nos clavabámos unas cuantas lecturas del enérgico Jacques.

domingo, 22 de noviembre de 2009

DEL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA


Aunque me despertara temprano, cuando era chico acostumbraba quedarme en la cama hasta las 12. Con mi hermana nos alternábamos para ir hasta el tocadiscos y poner las canciones que nos gustaban. En aquel Bell Ville de los ´70 regularmente yo elegía esta historia.

jueves, 19 de noviembre de 2009

LIKE A VIRGEN


Me cuentan que en Bell Ville, los habitantes de un hogar humilde del barrio Mainero, creen ver la imagen de la Virgen María sobre la pared de una habitación.

Los vecinos están alterados. Algunos lloran, otros rezan, pocos desconfían.

Aquí va una foto.

jueves, 24 de septiembre de 2009

(1985) Teclado, TV, grabador y a renegar…


Los niños de mi generación habíamos escuchado hablar de computadora y generalmente la asociábamos a las series de televisión donde se la mostraba como una máquina gigantesca que por algún secreto poder emitía de un modo impreso una información valiosísima para algo.


Poco tiempo después, siempre recordando los productos de la industria cultural, la computadora tomó forma de monitor. Particularmente recuerdo ver en la tele aún en blanco y negro unos textos en inglés y un gráfico representando un cuerpo humano girando, esa era la presentación de El hombre nuclear, verdadero éxito protagonizado por Lee Major y que nos tenía a los chicos del barrio caminando en cámara lenta y usando nuestra fuerza infinita para vencer al mal. En otro momento cabría reflexionar sobre los efectos en nuestras conciencias infantiles de todos esos programas con policías buenos que igual no hacían que perdiésemos el miedo cuando veíamos un patrullero real y concreto por el barrio. Recuerdo que en un almuerzo mi madre dijo que le habían puesto una bomba a Videla pero que había fallado y mi padre le dijo que se callara esas cosas. Por esos años 70 guerrilleros, subversivos, terroristas, bombas y muertos eran palabras que conformaban una hegemonía discursiva. También nuclear era una palabra fuerte, vinculada a la vez con el progreso pero también con el peligro.

Sin dudas El hombre nuclear ponía al desarrollo tecnológico como causa de facultades especiales para los superhéroes. No eran superpoderosos de modo misterioso sino por el desarrollo de la técnica, por la generación de conocimiento. Y allí estaba la computadora.

Curiosamente, una década después, la computadora iba a llegar al uso doméstico pero bajo la forma de teclado. El primero que en el Barrio Mainero de Bell Ville tuvo una computadora fue Luis Macía. Era una ZX Spectrum. Ese día de estreno, habrá sido por el año 1985, muchos vecinos nos congregamos en su casa pero resulta que la computadora no era la súper máquina sino similar a una máquina de escribir, más chiquita y plana, que se conectaba al televisor color. La utilidad que se le dio entonces fue para congregar amigos que le dedicábamos muchísimas horas de la tarde en el intento de hacerla funcionar.

Por razones que no comprendí entonces y sobre las que no me quiero detener ahora, la combinación de teclado y televisor resultaba insuficiente para el uso que queríamos darle. Necesitaba también un pasacassette en el cual reproducir los cassettes con los juegos, verdadero y único motivo por el cual Luis compró la computadora y nosotros nos juntábamos.


Esa carencia despertó el espíritu cooperativo y fue otro amigo, César Lagodín, el que aportó su Sanyo. Narrar las horas dedicadas al intento de hacer “enganchar” el juego en la computadora, con múltiples y milimétricas modificaciones en el volumen del pasacasstte luego de cada intento fallido sería agotador, como lo fue en ese momento practicarlo. Solo diré, apelando a un espíritu positivista de representación numérica de la frustración, que de N cantidad de intentos sólo habremos conseguido enganchar el juego un 0,5 % de veces. Y recordar que el juego en cuestión era un par de barras verticales a los extremos de la pantalla que se podían mover hacia arriba o hacia abajo para golpear una barra más pequeña que deberíamos entender que era una pelota hace que hoy, esas épicas tardes de intentos estériles hayan sido una verdadera y significativa pérdida de tiempo.

El entusiasmo y la expectativa por jugar jueguitos en la computadora cobraban en Bell Ville una dimensión diferente a lo que puede haber sucedido en otras localidades de la región. Ocurre que en la ciudad natal de “El matador” Mario Kempes existía una disposición que prohibía los comercios dedicados a los videojuegos, flippers y esos divertimentos comunes en la época pero totalmente ausentes allí. Luego, siendo muchacho grande, y al no entender qué significaban las palabras insert coins ó tildado descubrí que había toda una terminología relacionada a las “maquinitas” que ignoraba por ausencia de esa práctica. Pero aunque no las tuviésemos ni usásemos sabíamos de su existencia ya que las veíamos en los esporádicos viajes a Córdoba, a esas exposiciones de la FICO, que entre tantas horas dedicas a observar máquinas, stands y promotoras, nos dejaban unos minutos para hacer turismo por el centro. Y allí estaban. Entreteniendo, divirtiendo, alegrando a una generación de jóvenes entre los que no estábamos.

Por eso, cuando Luis Macía dijo que los padres le habían comprado una computadora y que podríamos jugar jueguitos nos ilusionamos, nos juntamos, nos reunimos, nos alternamos en los intentos y nos frustramos. Una tarde agarramos las bochas y nos fuimos a la canchita. Y así sí nos entretuvimos, nos divertimos y nos alegramos.